Museo de América_2

lunes, diciembre 10, 2012

Perú 




Plato decorado con peces

Cerámica. Cultura Chimú 1100-1400 d.C. Perú

Plato con paredes divergentes y ligeramente convexas, de base plana. Presenta decoración pictórica de dos peces o escualos sobre su superficie interna. Constituye un plato de ofrendas. Sobre ellos se colocaban hojas de coca que se quemaban y ofrecían a los dioses y huacas durante las celebraciones de su calendario ritual.


Vasija con forma de pez

Cerámica. Cultura Inca 1400-1533 d.C. Perú

Vasija ceremonial escultórica que representa un pez. Este se asienta sobre una base troncocónica y lleva un asa estribo en la parte superior, decorada con un pequeño mono. 
Las representaciones zoomorfas constituyen un tema recurrente en la cerámica Chimú. La variedad de especies y el detallismo con el que fueron representadas, evidencian una minuciosa observación de la naturaleza y una tradición iconográfica que se decanta por motivos figurativos realistas. 
La abundancia de peces en la costa norte peruana, convirtió a la pesca en una actividad económica de gran importancia para culturas como Moche y Chimú. Ésta era practicada con anzuelos y redes de algodón, desde balsas de juncos o "caballitos de totora" (así denominadas por los españoles) y que en la actualidad siguen siendo utilizadas en el Lago Titicaca y en Trujillo. Esta relevancia económica, como ejemplifica la vasija que observamos, fue plasmada en una gran diversidad de representaciones cerámicas pero también sobre otros tipos de soporte.


Vasija escultórica 
Cerámica. Cultura lambayeque 700-1350 d.C. Perú.


México




Vasija figurando un hombre sentado 

Cerámica pintada. Cultura Colima. Periodo Clásico Antiguo y Medio 100-700 d.C. Occidente de México.

Vasija que representa una figura masculina, sentada con las piernas abiertas y flexionadas. Exhibe un tocado compuesto por bandas cruzadas que sujetan sobre la frente un apéndice en forma de cuerno. En la parte posterior de la vasija, presenta el gollete corto y truncado. Viste taparrabos y luce un collar de conchas dispuestas a modo de pétalos. 
Figuras con un cuerno en la cabeza, aparecen en diferentes sitios arqueológicos de Mesoamérica, cubriendo un amplio rango estilístico y cronológico; pero este elemento se encuentra especialmente representado en la cerámica de Colima. Siguiendo a Furst (1998), desde la antigüedad, el cuerno constituye un emblema casi universal asociado al poder sobrenatural y a lo chamánico y se ha sugerido que las piezas de Colima con este atributo, podrían representar a chamanes o a los guardianes de sus tumbas. 
Estas figuras suelen formar parte de los ajuares funerarios de las denominadas "tumbas de tiro".


Vasija figurando un hombre deforme sentado

Cerámica pintada. Cultura Colima. Periodo Clásico Antiguo y Medio 100-700 d.C. Occidente de México.

Vasija que representa una figura masculina sentada, con las piernas abiertas y las manos apoyadas en las rodillas. Luce orejeras y como única indumentaria lleva un taparrabos y un manto o capa. En la parte superior de la cabeza tiene el cuello troncocónico de la vasija. 
Por sus atributos de forma y decoración esta pieza se identifica con la cerámica de Colima y, específicamente con su fase Comala. Piezas semejantes a este ejemplar se asocian a la denominada tradición de las "tumbas de tiro", identificada con una forma particular de enterramiento practicada por los habitantes del occidente de México, entre el 200 a.C. y el 600 d.C. Las tumbas se caracterizan por ser cámaras funerarias excavadas a gran profundidad y unidas a la superficie por un pozo o tiro vertical. En ellas, él o los cadáveres aparecen acompañados por una importante cantidad de objetos como figurillas y vasijas que a veces representan alimentos o animales y que podrían haber servido simbólicamente como avituallamiento y compañía o guía para el difunto, en su viaje al inframundo. Actualmente, la arqueología concibe a estas tumbas como sintomáticas de sociedades con un cierto grado de complejidad, con una estructura social internamente jerarquizada y cuyas élites habrían participado en redes de intercambio bien organizadas a nivel regional.


Vasija en forma humana sentada

Cerámica pintada. Cultura Colima. Periodo Clásico Antiguo y Medio 100-700 d.C. Occidente de México.

Vasija que representa una figura masculina sentada, con las piernas flexionadas, las rodillas en alto y los brazos cruzados encima de aquellas. Se adorna con un tocado o banda que sujeta un pequeño apéndice en forma de cuerno sobre la frente y luce orejeras y cinturón. En la parte posterior, presenta destacadas las costillas y las vértebras. Lleva el cuello de la vasija en la parte superior de la cabeza. 
Figuras con un cuerno en la cabeza, aparecen en diferentes sitios arqueológicos de Mesoamérica, cubriendo un amplio rango estilístico y cronológico; pero este elemento se encuentra especialmente representado en la cerámica de Colima. Siguiendo a Furst (1998), desde la antigüedad, el cuerno constituye un emblema casi universal asociado al poder sobrenatural y a lo chamánico y se ha sugerido que las piezas de Colima con este atributo, podrían representar a chamanes o a los guardianes de sus tumbas. 
Estas figuras suelen formar parte de los ajuares funerarios de las denominadas "tumbas de tiro", consistentes en cámaras funerarias excavadas a gran profundidad y unidas a la superficie por un pozo o tiro vertical. La arqueología concibe a estas tumbas como sintomáticas de sociedades con un cierto grado de complejidad, con una estructura social internamente jerarquizada y cuyas élites habrían participado en redes de intercambio bien organizadas a nivel regional.


Figura femenina sedente

Cerámica. Estilo Nayarit. Periodo Protoclásico 100 a.C.-250 d.C. Occidente de México.

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